dimanche 8 mai 2016

Karnaval (Capítulo 15/24)








Karnaval





Biel Rothaar

Karnaval









Primera edición: julio 2015
© 2015, Biel Rothaar
Cubierta: Biel Rothaar








a Rose
en cuyo interior conviven todas las mujeres que amo






La historia de los hombres no será nunca
la historia de los ángeles

Auguste Romieu
(L'Ère des Césars)








EL GRAN CARNAVAL
Anexo XV




Anoche, te parecerá extraño, pero he tenido la sensación que soñaba que caminaba recién caída la noche desde la estación de metro Château d’Eau en dirección a la Cour des Petites Écuries, llegando como muchos jueves por la noche a Le Café Tribal a cumplir esa predecible tradición de comer gratis una ración de moules et frites en la barra donde a esa hora un corrillo se distraía ya comentando una de esas noticias de última hora que cada vez soliviantan con más asiduidad la serenidad aristocrática del centro de París (al parecer un vándalo había saboteado varias esculturas del afamado conceptualista Richard Crowry expuestas en una conocida galería de arte contemporáneo de la Place des Vosgues), y a pesar de que algunos minutos más tarde todo semejaba ya retornar a las rutinas naturales, pareciéndose todo de nuevo a la normalidad familiar de muchos otros jueves por la noche, de pronto todo retomó un cariz bastante sorprendente cuando uno de aquellos hombres al iniciar la descripción del sospechoso me dio la sensación que estaba describiendo a alguien que bien podría ser hasta yo mismo, y toda esa sorpresa se transformó incluso en una suerte de amenaza y hormigueo cuando algo más tarde ese mismo hombre al acometer la descripción de la joven acompañante femenina me produjo la impresión que bien podría estar retratando a alguien que incluso podrías ser tú misma, detallando tu misma voz delicada y grave gritando al parecer al vándalo mientras ambos se alejaban sin demasiada prisa por la rue de Birague: Tu est un fou! Tu est un fou! Un fou! curiosamente, aunque seguro que habrá alguna explicación razonable para todo ello, las mismas palabras que tú misma habías pronunciado aquella tarde en la ribera de aquel canal de Amsterdam cuando derribé de un puñetazo a aquel vulgar imitador de Van Gogh, antes de arrojar todos sus lienzos al agua, y antes de alejarme también sin acelerar demasiado el paso protegido por la sombra de los árboles de la Prinsengracht, mientras detrás de mí, no dejabas de gritar como poseída, Tu est un fou! Tu est un fou! Un fou! aunque indiferente a toda aquella repentina histeria tuya de soprano ronca recuerdo que me fui distanciando también de ti atrapado por aquella seducción irresistible que causaba entonces en mí la imagen de las luces encendidas del Café George en el 84 de la Leidsegracht, y aquella tradición de tomar una buena ración de moules-frites con una buena jarra helada de Wieckse Witte tirada de barril que aquel joven pintor miembro del grupo llegado hacía poco de Brujas nos había inoculado como un ritual sin catecismos, solamente acodarse con buena disposición en algún punto despejado de la barra del Café George aguardando a que la diligencia del camarero diera inicio a la ceremonia y al mismo tiempo que se va escuchando a otros vecinos de barra esas noticias de última hora que algunos días engendran todas las ciudades saturadas por una rabia excesiva a esa concreta hora de la tarde en la que hay que elegir diariamente entre volver a la calma del hogar y mascullar nuestra rabia en solitario o rondar por las calles buscando una manera digna y memorable de acabar el día.





Biel Rothaar
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Este texto es el decimoquinto capítulo de la ópera prima Karnaval (2015).