lundi 11 janvier 2016

¿Alguien ha visto morir un pez?




La Lluvia de paraguas de colores sobre suelo encharcado
de la japonesa Matsuzawa,
la polémica instalación Dos vacas degustando un filete de un granjero de Kentucky
del creador adolescente californiano Derek O. Brown,
el afamado vídeo de Ophelia Johnson durante la séptima Bienal de Manila
en una pantalla de proporciones anormales
entregando la imagen tridimensional
de una anciana Catherine Deneuve
paseando por el interior de una exposición escultórica de maniquíes
en una pequeña galería noruega de Bergen,
una hipster cualquiera en Williamsburg
leyendo emocionada en un fast-food vegano
¿Alguien ha visto morir un pez?,
en un basurero en la periferia de Lagos
unos niños descalzos desenterrando libros y frases del primer mundo,
gritándolas en alto como flores que cantan,
"toda conciencia posible de la vida es conciencia del mal de la vida", Hegel lo dijo,
"todo hombre encuentra alguna manera de vengarse del mundo", Kierkegaard lo dijo,
"para los valientes el encanto de la muerte no existe", el Conde de Lautrémont lo dijo,
el joven poeta estudiando otra vez a la joven hipster
recuerda las palabras del pintor Winslow Homer a cierto periodista:
 "ahí está todo, descúbralo usted mismo",
en el cuaderno inédito, Poemas de la locura,
el joven poeta ahora relee,
"En los ríos de sangre de sus ojos / nadan dos cocodrilos desorientados".




Biel Rothaar
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