jeudi 5 novembre 2015

Dudas y Cuestiones (76)








En una de las recientes columnas de Sami Naïr titulada "El coraje de Ángela Merkel"
acerca de la crisis inmigratoria en Europa, éste nos llamaba a ser indulgentes con Merkel,
 alabando su supuesta ética humanista y solidaria en la recepción de refugiados
que habría llevado a la emperatriz Ángela
a enfrentarse incluso con los miembros más radicales de su partido
y a la mayoría del electorado conservador alemán.



Desde entonces,
desde aquella “primera solidaridad” merkeliana
donde Sami pretendió distinguir un asomo de humanismo—,
hemos contemplado, como continuación, la astuta estrategia diplomática con el “bárbaro” turco
contratado como babysitter y policía fronterizo remunerado,
y, finalmente, la aceptación estos días de restringir su política de acogida
bajo la presión política de la conservadora CSU, sus socios de gobierno nacionalistas bávaros,
—cuya acción política nunca se proyecta sobre el “demos” sino sobre el “ethnos”—,
decisión que Horst Seehofer, gobernador de Baviera y líder de la CSU, ha festejado con un aclarador
nosotros hemos conseguido un acuerdo en algo que todavía no ha visto la luz: 
el rechazo a una sociedad multicultural”.









¿Ha vuelto a cometer Sami Naïr
 ese típico error de valoración ética sobre los actos de aquellas personas
que perfilan su pensamiento en última instancia en variables y coyunturas de orden no humano,
en lugar de esos independientes librepensadores humanistas
cuyo centro de gravedad es la reflexión moral empática y
esa profunda esencia humanista que siguiendo la enseñanza de Daisaku Ikeda
nos dicta que “es imposible construir la felicidad propia sobre la infelicidad de los otros”?





¿Ha pensado acaso Sami Naïr
que aquella primera ilusión de “solidaridad” de Merkel
no procedía de una solidaridad real, sino de un esquema de razonamiento diferente:
que simplemente entre una voluntad de cívico humanismo,
el temor a la “bestia rubia” alemana y el temor divino como democristiana
había vencido en ella el temor a la ira de Dios,
que en realidad la emperatriz Ángela
había sido doblegada por el temor piadoso como hija de pastor protestante
antes que por un impulso ético humanista
o por el temor a recibir una cuchillada en el cuello a manos de alguna “bestia rubia”,
como en el caso de la candidata a la alcaldía de Colonia?





¿Con el paso de estos días
habrá llegado incluso a detectar Sami Naïr
en la posterior estrategia diplomática de acercamiento al “bárbaro” turco
emprendida por la emperatriz “humanista” Merkel,
la misma estrategia tribal que el emperador Octavio Augusto inició
ante los bárbaros germánicos en el levantamiento del limes del Rin
y que protegió durante siglos a la Roma imperial de la llegada de los bárbaros?





¿Habrá llegado a apreciar Sami Naïr
ese sutilísmo aroma que nos deja así la historia
como paradójica evolución
o como repetición de lo “mismo” homenajeando a Nietzsche,
en el hecho que los antiguos bárbaros germánicos
tratan ahora de repetir la misma contención imperial ante los nuevos “bárbaros” del sur
trasladando el limes desde el Rin hasta el Bósforo?





¿Sami Naïr
como otra pobre víctima ingenua
de ese engañoso espejismo de apreciación
 de algún tipo de noble virtud humanista
en esos individuos cuyo eje existencial siempre está mediatizado
por el centrifugado final de la política hobbesiana y la religión segregadora?




¿Ha olvidado ya acaso Sami Naïr
que tal como nos aleccionó Gandhi
 la paz y la solidaridad solamente será visible en el mundo
cuando el poder del amor gobierne sobre el amor por el poder?





Biel Rothaar
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