samedi 10 octobre 2015

La «generación blogger»









       La «generación blogger» es ese apelativo que, entre algunos otros distintivos tales como «generación digital» o «autor 2.0», viene siendo usado a menudo para designar a toda esa heterogénea generación de autores independientes a quienes la revolución tecnológica digital (alteradora de los rígidos mecanismos tradicionales de difusión cultural), ha emancipado de esa vieja jerarquía supraescritor que regulaba y ordenaba hasta el pasado reciente con autoridad y autoritarismo todo el flujo de producción literaria. Desde el comienzo de la masiva socialización de Internet como herramienta pública de comunicación y la asociada aparición de las diferentes aplicaciones y tecnologías de expresión y conectividad digital se fue favoreciendo la coyuntura para la emergencia de un nuevo escenario de rupturista autoproducción literaria, opuesto a la lógica imperante hasta entonces del rígido control de la industria editorial. Y como suele suceder habitualmente cuando la libertad individual tiene un resquicio histórico para ensayar su peculiar respiración, ésta hace siempre aparición de manera ruidosa entre algaradas y soniquetes de aprobación y desaprobación. Porque la historia de la «generación blogger» es fundamentalmente también, desde sus comienzos, la historia de esa típica algarabía de la libertad abriéndose paso entre los vítores de los oprimidos y las protestas de los que estaban cómodos con el statu quo anterior de libertad condicionada. La cronología clásica libertaria que retrata a menudo por un lado a aquellos que defienden como autodefensa una libertad refinada por el buen gusto oficial y las identificaciones colectivas y relaciones agonísticas de cada época, y por otro lado, a quienes gustan de percibir siempre todos los efectos y posibilidades de la verdadera libertad del individuo soberano y desatado, incluso en sus efluvios más escatológicos. La historia de la «generación blogger», efectivamente, no debiera de pasarnos desapercibido, es también de fondo un relato político de tinte anarcoindividualista en consonancia con el resurgir moderno del anarquismo, sobre cómo el joven autor contemporáneo se autoemancipó de las estructuras suprapersonales de poder-saber tradicional, alcanzando la posibilidad inédita en el curso de la Historia de la Literatura de superar esas ordinarias pleitesías y subyugaciones históricas a intermediarios y agentes culturales. El desafío a la palabra heredada para repetir lo mismo o para pronunciar algo nuevo, la edificación de una nueva biblioteca como anexo o como superposición de una nueva Troya sobre otra antigua Troya. La crónica de la «generación blogger» es también por ello la crónica cultural de la subversión libertaria del joven autor contemporáneo. Una independencia de acción creativa ejercida ya a cielo abierto sin techumbres institucionales, sin censuras ni presiones externas. Una independencia ejercida desde la soledad de un individuo de pronto plenipotenciario para experimentar directamente desde su escritorio a golpe de libertino enter el verdadero significado de una literatura libre sin frenos de mano ni agentes de tráfico. Siendo éste sin duda el principal distintivo de la fisonomía del verdadero «autor blogger», un individuo que ya no espera a editores porque ya no los necesita, ni los necesitará nunca, un individuo que escribe “mierda” y escribe “hijos de puta” sin ningún remordimiento de conciencia, con esa felicidad bukowskiana del que está del otro lado de la verja, del que ya ha huido a todo control y tiene enfrente de sí todo el campo para correr y ensayar su manera personal de callar y gritar.
      Todo autor de la «generación blogger» se presenta así en sociedad enarbolando esa vitola de sujeto liberado y disociado por completo de esos hasta ahora imprescindibles intermediarios de la cadena tradicional de materialización física y pública de la obra literaria, esos censores ilustrados y gestores históricos de los flujos de producción cultural. Un sujeto liberado por completo de todo ese ortodoxo proceso de sedimentación del hecho cultural que ha construido de forma hegemónica en la escala temporal la tradición cultural de un país y, por ende, las marcas del legado cultural del propio género humano. El autor de la «generación blogger» es un autor nuevo, un epifenómeno de la noción ácrata de libertad individual que ha traído aparejada la revolución digital. Una derivación de ese individuo del siglo XXI que repele la realidad opresiva de todo corsé, ese individuo que ya no desea formar parte del colectivo a través de la «tradición delegativa» sino a través de su autorepresentación única, porque ya ha ensayado la placentera vocación del anticonvencionalismo, sondeando con una sonrisa sarcástica la falsedad del tabú del reverso del cristal. Un autor nuevo que ya nunca transigirá otra vez con la domesticación de su voz por ningún interés superior, porque posee la plena autosuficiencia para controlar y autogestionar todo el proceso de creación y difusión de su obra, sin trabas ni cortapisas de ninguna clase a su libertad intelectual y creativa, salvo las que él mismo insertado como actor activo en el contexto cultural quiera autoimponerse por estrategia o aceptación parcial de esa «regla del juego» que cada época enarbola como estandarte y autorretrato.
      La realidad del autor de la «generación blogger», a pesar de su contumaz ninguneo por parte delstablishment y las profecías agoreras de la intelligentsia oficial como fenónemo fugaz y epidérmico, es una realidad que ha venido para quedarse, como en su momento vinieron para quedarse en pintura la mirada moderna de los impresionistas y los expresionistas y, pese sin duda, a los previsibles intentos de asimilación por parte de la industria editorial de sus mejores exponentes, tal como el rebelde movimiento indie trata de ser reducido por parte de la industria musical a otra mercancía manufacturable en las cadenas de montaje sintéticas a la manera de una Lana Del Rey cualquiera. El autor digital de la «generación blogger» personifica en general, a título personal, el arquetipo de todo ese vanguardista ecosistema literario digital donde el lenguaje y las formas documentales tradicionales han dejado de ser un dogma intocable, siendo reinventadas en el moderno corpus y estética del byte, ese particular ecosistema donde se está fundando una nueva definición de cultura, y una nueva forma de generar y asimilar cultura. Un nuevo paradigma cultural de acceso libre a toda “obra” y de posibilidad de interacción entre autor y lector, una nueva fábrica de significantes y significados. Una nueva literatura que más allá del territorio quemado de la página de papel ensaya nuevos lenguajes y nuevas estéticas sobre el territorio virginal de la pantalla. Una nueva literatura que ensaya la hondura y fertilidad del frankeinsteiniano matrimonio entre palabra e imagen. Un nuevo paradigma que reta con originalidad el patrón de la “continuidad” y el axioma tradicional de “finitud”, insertado todo en un nuevo contexto de velocidad donde los párrafos se transforman en criaturas agónicas y las palabras son otra vez cegadoras y afiladas como en el origen de los tiempos. En ese «ecosistema blogger», mientras desde elstablishment se conspira contra su irrealidad, se está fundando sin ningún género de dudas la literatura más singular y representativa del siglo XXI, en sus lindes líquidas y anárquicas habitan ya los futuros Bukowskis y Henry Millers, todos los Pessoas y Perecs, todos los Poe y Lovecrafts, todos los Rimbaud y Dylan Thomas, todos los Fante y Célines, todos los Becketts y Conrads, todas las Sylvia Plaths y Fleur Jaeggys, todos los Kafka, todos los Hölderlin, todos los Paneros, todas las Pizarniks, todos los Hesse, todos los Ginsbergs, todos los Dostoïevskis, todos esos que en el fondo siempre entendieron la literatura como un ejercicio de libertad, todos aquellos que escriben “con espíritu y sangre”.
      Por todo ello, el gran signo, y acaso la consecuencia y el ámbito de discusión más visible de la emergencia histórica del autor de la «generación blogger» la hemos de situar precisamente en esta violenta ruptura de la cadena tradicional de materialización y difusión de la obra literaria. El fin de (o la bifurcación desde) la vieja cultura de la página de papel sometida a esa permanente dinámica cismática con las pretéritas formas de producción cultural mediante esa insólita mecánica cultural libre y desregulada receptiva a cada nueva voz literaria, como un Parnaso donde ya triunfase lo hospitalario sobre lo regulatorio. Una cultura nueva que emerge por desconocidos poros a borbotones, atropellada, libérrima y anárquica en nuevos estilos, en nuevas jergas, en nuevos tempos, en nuevas fraseologías, en nuevas formas documentales y en nuevos espacios informales, en el territorio particular de un post, en el interior de un e-mail o en un comentario de blog como una moderna nota a pie de página. La colisión de la galaxia Gutenberg con la galaxia Gates, como un rasgo identificativo de todo el conjunto de esta «generación literaria», generando como resultante en el albarán cultural de nuestra época una hiperinflación de obras literarias sin catalogación, difícilmente reductibles y homologables a cánones académicos previos, con nuevas semánticas y nuevas gramáticas, en una productividad constante de nuevas mitologías sustitutorias de las viejas mitologías. Un creciente anexo de obras hors-la-loi como en aquellos días de las primeras vanguardias artísticas y aquel rupturista salón de independientes subvirtiendo la productividad ordenada y canonificada de la Academia. El diferendo de este contemporáneo “salón de independientes literarios” es no obstante —quizá por la juventud de su estallido y esa confusión yuxtapuesta a los instantes iniciales de todo big bang—, su marcada ausencia deautoconsciencia de sí que bloquea por el momento cualquier posibilidad o iniciativa de autoafirmación, además de la conflictiva/lucrativa magnitud de su número que la convierte más bien en una avalancha periférica revoloteando sin cerebro sobre el orden y la serena paz de los viejos Olimpos literarios, sin ningún programa de asalto concreto, como un asedio gobernado por la paciencia y una cierta indiferencia, como si la galaxia Gates operase después de todo en una dimensión invisible para la galaxia Gutenberg. Por otra parte, desde un exclusivo punto de vista de flujo, la «generación blogger» encuentra asimismo sobre esta óptica libertaria de fondo una explicación englobadora como una perfecta anarquía literaria surgida, a modo de excrecencia natural, a partir de la naturaleza ácrata del paradigma digital vinculada a una incuestionable autoemancipación libertaria del individuo. El «ecosistema blogger», en efecto, representa tanto en sus virtudes como incluso en sus defectos, una óptima cristalización de todas las condiciones prácticas de cualquier conjunto gobernado por una acracia anarcoindividualista, recreando todos sus potenciales vectores de sociabilidad y los diferentes grados de interrelación personal de una múltiple sociedad anarcoindividualista a partir de sus condiciones iniciales de “libre asociación” entre individuos libres, desde las naturales dinámicas kropotkinianas de cooperación y mutualismo interindividual puestas en circulación por la acción virtuosa del “altruismo recíproco” y del “altruismo indeterminado” hasta incluso la presencia de esos anarcoindividualistas asociales que desprecian y dan la espalda a la comunidad, esos inadaptados, esos autoexcluidos, esos siempre al margen, esos refractarios a toda moral colectiva representando el mayor ejemplo de soberanía del individuo. La «generación blogger» podría ser descrita en consecuencia, con legitimidad, desde un punto de vista libertario, como un flujo anarca desplomándose como violento e incontrolable granizo sobre la jurisdicción de los viejos salones literarios. Esos ortodoxos palacetes de la vieja cultura atufados por mohosos alcanfores literarios en los que el tiempo siempre amarillea al mismo ritmo que sus viejos libros y sus viejas sabidurías estáticas, donde el más ligero cambio suele representar siempre un seísmo apocalíptico, donde toda heterodoxia suena a disparo, donde el futuro siempre acostumbra a ser un lugar ajeno, y donde el único alboroto solía ser únicamente la práctica regular como deporte intelectual de la ociosa disputa literaria, y de tanto en tanto el rumor de los quejidos amargos de algún ego menospreciado en las reparticiones periódicas de laureles.
 
       Pero al mismo tiempo hablar de una «generación blogger» tal vez sea cometer aún el pecado de la precipitación, porque no precisa ser bautizado aquello que todavía no existe, a no ser que consideremos la percepción visual de la estampida digital como un valor unificador, como una metáfora definitoria de conjunto, como una unidad de acción, la definición del grupo, en suma, no por su contenido, sino por las estructuras anárquicas y dinámicas que le dan cabida y oportunidad de existencia.
      En el viejo marco tradicional, por contra, toda generación literaria eclosionaba, bien en base a unas razones literarias comunes que solían ir ligadas a la plasmación artística de un cierto «horizonte de expectativas» que registraba las características de un tiempo histórico dado (como fue el caso de la «generación perdida» o el caso de la «generación del 98»), o bien como resultado de la conjunción temporal de un grupo de personalidades arrolladoras que en lugar de ser influenciadas por el peso anímico de su época, influenciaban y daban forma a su época (como fue el caso de la «generación beat»). En el caso de la «generación blogger» no se cumple ninguno de estos dos supuestos, ya que sus causas genesíacas son exógenas (el único elemento válido de cohesión que podría ser citado es el menosprecio común que suscita su realidad literaria, tal como en su momento los poetas lakistas fueron menospreciados en conjunto por el Edinburgh Review). Su aparición histórica es fruto de una coyuntura ajena a la voluntad de sus autores: el nacimiento de una época nueva, la irrupción de un nuevo contexto cultural abierto y libre, un nuevo oeste americano sin instituciones reguladoras donde coexisten todos los grados y todas las oportunidades, uno de esos dominios siempre colindantes a la más pura osadía, independencia y albedrío, el dominio no de los hombres libres, sino el dominio de los hombres que van en busca de la libertad, aunque a los primeros miembros de esta generación les toque vivir también la agria transición de esa primera época, plena de enemigos y sin aliados, esa tierra de nadie en la que nunca hay pasado ni futuro, solamente un presente continuo, como es la condena que debe de afrontar por costumbre todo pionero.
      El autor miembro de la «generación blogger» será siempre por tanto deudor del progreso tecnológico, subespecie extraña del homo technologicus. En este sentido será responsabilidad del conjunto de sus autores ofrecer a futuros críticos e historiadores las razones literarias suficientes que les hagan merecedores de la proclamación oficial como generación literaria en una vertiente tradicional, convirtiendo así en anecdóticas las circunstancias promotoras de su nacimiento. En una lectura ortodoxa, claro está, la marca deamateurismo —como ese torero espontáneo que salta a la plaza de toros—, será quizá el signo más asociado a esta generación de autores, la condena académica del desaliño, el desprecio institucional del borderline, la constante huida hacia adelante, como un hijo bastardo acuciado continuamente por la sombra de un padre invisible. En una lectura heterodoxa, sin embargo, el anárquico contexto digital de la «generación blogger» y su particular productividad y dinámica aparejada representará como contrapunto en un análisis más matizado —mientras no se cortocircuiten esas condiciones de libre expresión e interacción por obstaculizaciones regulatorias— uno de esos marcos extraños donde encontrarse de profundis a uno mismo e incluso sondearser otro, donde experimentar y contemplar en toda su extensión todas las tonalidades difusas de la libertad, todas las bellezas y fealdades singulares del caos y la anarquía.
      Por lo demás, solamente el tiempo nos acabará diciendo si alguna vez encontrará su ortodoxo bautismo literario la «generación blogger» o si tal como decía Barthes, a propósito de la Segunda Sofística, su destino será también ser tildada por los cronistas académicos como polvareda de autores, en el mejor de los casos, como una polvareda de autores en busca del Filóstrato que la redima del olvido. Pero entretanto, mientras ese Filóstrato no aparece, como una suerte de San Juan Bautista, el futuro más inmediato de la «generación blogger» posiblemente sea ofrecer la clásica imagen borrosa de esos periodos primigenios en los que se va formando con genio y con torpeza una identidad colectiva, la visión de una cierta prehistoria del «autor digital», la imagen del escenario confuso de una miríada de autores, distanciados y sin demasiada cohesión, como la fotografía de un universo vasto y frío, en el que vagar como estrellas errantes a lo largo de este siglo que se presume también vasto y frío, a lo largo de este siglo XXI de masiva emancipación de lectores a categoría de autores, este siglo sin Olimpos, este siglo de autores sin lectores.






Biel Rothaar

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