mercredi 21 octobre 2015

Entertain us!










Los dobles de los candidatos llegaron por el carril central del estadio iluminado por un vaivén de bengalas, saludando al aforo montados sobre sendos carros romanos, aunque al estilo coreográfico de Los Juegos del Hambre, con una estela de fuego brotando alrededor de sus cuerpos bañados en dorada purpurina, porque el director artístico del evento había instaurado el criterio de que las nuevas generaciones ya no eran receptivas ni sensibles a la vieja mitología de Ben-Hur, y había que conectar por mandato gubernamental con todas las jóvenes generaciones, ya que la continuidad de la democracia en sí misma dependía de habilitar esta transición progresiva entre mitologías y universos simbólicos generacionales.


Los miles de figurantes a la señal de la visión de los carros cruzando un arco virtual de Palmira (nota de actualidad propuesta por la Comisión de Asuntos Históricos como prueba de sensibilidad geopolítica), comenzaron a cantar al unísono la versión de Nirvana cantada en la escena de apertura de la película Pan de Hugh Jackman (nota de actualidad propuesta por la Comisión de Asuntos Culturales para que se visualizase un diáfano apoyo al cine, con el fin de desactivar cualquier posibilidad de crítica al evento por parte del beligerante sindicato de actores).


En la gigantesca pantalla central iban apareciendo en bucle, como acompañamiento visual, las imágenes de los candidatos mostrando al aforo su arma de combate elegida, mientras en el estadio retumbaba el eco unísono de los versos de Nirvana con la misma grandilocuencia con la que en el pasado sonaban los viejos himnos patrióticos en finales de eventos deportivos:


Hello, hello, hello, how low?
Hello, hello, hello, how low?
Hello, hello, hello, how low?
Hello, hello, hello


With the lights out, it's less dangerous
Here we are now, entertain us
I feel stupid and contagious
Here we are now, entertain us
A mulatto
An albino
A mosquito
My libido
Yay, yay, yay


I'm worse at what I do best
And for this gift I feel blessed
Our little group has always been
And always will until the end


Hello, hello, hello, how low?
Hello, hello, hello, how low?
Hello, hello, hello, how low?
Hello, hello, hello





En el centro de la arena de combate había un elevado pódium circular a modo de palafito, desde donde la cadena televisiva ganadora de los derechos de retransmisión haría un superprograma especial de ocho horas de duración ininterrumpida con todos los detalles y curiosidades del evento. En su interior esperaba el maestro de ceremonias de la gala, un conocido presentador homosexual de lengua viperina y sonrisa agridulce, recibiendo las últimas instrucciones del director de escena y el jefe de guión. A su alrededor, asomados sobre la baranda circular se encontraban todos los colaboradores más ácidos y encarnizados del panorama televisivo, elegidos especialmente para la ocasión, simulando el recibimiento a los candidatos a la arena de combate: una teatralizada serie de chascarrillos sobre las vestimentas elegidas, sobre los peinados, sobre las maneras de andar, sobre la blancura de la dentadura y sobre el número de canas que en conjunto fueron provocando las primeras carcajadas del público. Un ayudante de dirección que había estado midiendo al pie de las gradas con un sonómetro los decibelios de las reacciones del público, hizo una señal de aprobación al regidor de la gala.


El maestro de ceremonias inauguró la siguiente fase desde la misma arena, explicando micrófono en mano al público asistente la dinámica de recepción individualizada de cada candidato. Los figurantes, entonces, a través de sus mandos a distancia escogieron durante unos segundos ambientados con una apropiada música de tensión dramática el nombre del primer candidato, acción que entre los miles de asistentes seleccionados metodológicamente por generaciones y estratos sociales funcionaba como el nuevo y único modelo de encuesta electoral homologado. El director artístico irrumpió de repente en la arena solicitando una repetición del procedimiento, sustituyendo la música de ambientación dramática, intercambiando el soundtrack tensional de Halloween por el de La matanza de Texas. El nuevo resultado pareció agradar más al director artístico y a sus ayudantes.


Una vez seleccionados todos los candidatos secuencialmente por aprobación popular y recibidos como celebradas superstars entre vitoreados vídeos de sus mejores momentos, estos empezaron a deambular por la arena distanciados unos de otros, mientras en la gran pantalla se daba inicio a una cuenta atrás de diez minutos, ambientada de fondo por el cántico ensordecedor del estribillo de la canción de Nirvana:


Hello, hello, hello, how low?
Hello, hello, hello, how low?
Hello, hello, hello, how low?
Hello, hello, hello



Desde el pódium, el mordaz presentador y sus implacables colaboradores sacaban punta a cada una de las acciones de los candidatos, a todas y cada una de las muestras de nerviosismo e inseguridad, a cada uno de los gestos y estrategias visibles, mientras el cronómetro en la gran pantalla se precipitaba hacia el cero.


Cuando el cronómetro llegó a cero, se hizo un silencio aparatoso y los focos del techo del estudio iluminaron en exclusiva la arena, desnudando todas las facciones de los candidatos, que iban siendo repetidas una y otra vez en la gran pantalla en formato slow motion.


Los dobles de los candidatos alzaron cada una de sus armas de combate al aire: una rosa roja, una extraña gaviota con pinta de aguilucho, una bandera de España new age y una hoz y un martillo unidos por una cadena a la manera de unos tradicionales nunchakus. El público felicitó el arrojo y el coraje de los candidatos con una ruidosa y sostenida ovación, antes de que comenzara la nueva cuenta atrás de sesenta minutos que habría de llevar a alguno de los candidatos al final de la noche al glorioso triunfo popular.


En ese instante se activó también en la pantalla la fórmula de interacción con el público de los hogares y el mecanismo del televoto, comenzando a oscilar desde ese momento en la gran pantalla los variables porcentajes de voto popular a medida que la aguerrida lucha dialéctica avanzaba entre los candidatos. En el faldón inferior de la pantalla corrían al mismo tiempo el aluvión de mensajes sin censura política enviados por los espectadores interaccionando a cada una de las intervenciones e hitos de la lucha. Cada uno de los mensajes populares más destacados iban siendo a su vez comentados y debidamente ampliados por el presentador y sus colaboradores desde el pódium, exprimiéndolos sarcásticamente al máximo para regocijo y chanza del público presente.


Los dobles de los candidatos reprodujeron en un soberbio esfuerzo de interpretación y fidedigna imitación el probable desarrollo de la verdadera lucha que tendría lugar al día siguiente entre los verdaderos candidatos, ambientando el escabroso clima de reproches y ataques dialécticos que habían servido de precalentamiento al gran evento de campaña electoral, esfuerzo que fue recompensado finalmente por un largo aplauso de reconocimiento de todos los figurantes y técnicos asistentes.


El director artístico se acercó al director de producción que se encontraba en ese instante estudiando sin mucho disimulo los culos de sus secretarias camino del backstage. Entre sonrisas y bromas de aceptación, ambos coincidieron que el ensayo general había sido todo un éxito, y que el espectáculo estaba garantizado, superando con amplitud los estándares de calidad de la nueva directiva europea que Bruselas había dictado para todos los eventos inaugurales de campañas electorales en territorio europeo.


Una pareja de figurantes ancianos pasó delante de ambos directores analizando con interés todos los pequeños secretos mecanismos que se percibían entre bambalinas, mientras se iban alejando con paso cansado hacia la entrada de los gigantescos estudios de producción en la que algunos operarios estaban terminando de ajustar el luminoso de bienvenida donde rezaba en letras de colores: Welcome to Democracy's Day. Otro grupo de figurantes jóvenes les sobrepasaron en ese instante con paso rápido contando las monedas que habían obtenido de salario por la participación en el ensayo general, así como el correspondiente diploma acreditativo de la colaboración institucional, mientras al mismo tiempo iban mascullando en voz baja con tono rabioso y de forma mecánica algunas de las líneas de Smells Like Teen Spirit:



He-llo, he-llo, he-llo!

Withhhh the lights outttt, it's lessssss dan-ge-rous

Here we are now, entertain usssss

I feeeeeel ss-tuu-piiid anddd conn-taaa-giousss

Here we are now, entertain us, entertain us, en-ter-ta-in us, en-ter-ta-in us, e-n-t-e-r-t-a-i-n US!





Biel Rothaar

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