lundi 19 octobre 2015

Dudas y Cuestiones (75)









El chimpancé 
es un primate de la familia hominidae con características semejantes a las del ser humano, 
con el que comparte el 96% de su ADN. 

El chimpancé es un primate territorial y violento, que vive en comunidades sociales complejas formadas por miembros que van desde los 20 hasta los 150 individuos. Muestra un gran repertorio
 en sus sistemas de lenguaje y comunicación, siendo capaz de aprender sistemas de signos 
como el chimpancé Washoe, experto en el lenguaje de sordomudos humano. Su habilidad en el uso de herramientas como arma o como utensilio, se transmite de forma social, 
pudiendo llegar a hablarse de diferentes “culturas” según las diferentes regiones. 






El bonobo
 es un primate de la familia hominidae fuertemente relacionado con los seres humanos, 
siendo su ADN idéntico al del Homo sapiens en un 98%.

El bonobo es un primate pacífico y sociable, que vive en comunidades reducidas 
de hasta 10 miembros, bajo una cultura matriarcal e igualitaria. Al igual que los seres humanos poseen rasgos faciales que les individualizan y los hacen identificables en sociedad. 
Ciertos estudios científicos han expuesto además la constatación de comportamientos de altruismo, empatía y paciencia, que se creían hasta hace poco propios del hombre. 
Otros experimentos científicos con el ejemplar de bonobo Kanzi revelaron su alta capacitación para el dominio del lenguaje de signos, entender y expresar ideas relativamente complejas e incluso inventar nuevas palabras. También demostró un sorprendente ingenio en la fabricación y uso de herramientas con piedra sílex, habilidades similares a las que desarrollaron los primeros humanos.






A partir de un reciente estudio científico secuenciador del genoma de Ulindi
—una hembra de bonobo del zoológico de Leipzig—,
en el que ha participado el Instituto de Biología Evolutiva,
 se ha concluido que en ciertos aspectos específicos
nos encontramos más cerca de los bonobos que de los chimpancés,
mientras que en otros aspectos sucede lo contrario.



Estas diferencias como sentencia Tomàs Marquès Bonet,
 investigador del Instituto de Biología Evolutiva,
«son las interesantes, porque pueden ayudarnos a entender algo tan complejo 
como es el comportamiento»,
arrojando luz sobre las diversas variaciones genotípicas, fenotípicas y ambientales
causantes de la divergencia de sus comportamientos sociales.



Estas oposiciones de comportamiento social se sustancian en palabras de Tomàs Marquès Bonet
en que «mientras el chimpancé es más agresivo, con episodios frecuentes de “guerras” entre tribus 
y un fuerte componente territorial, el bonobo se caracteriza por su carácter pacífico
 y por su alto nivel de actividad sexual... 
[teniendo el sexo] una función de unión social, pacificadora y de reducción del nivel de estrés».



Estas variaciones comportamentales se manifiestan principalmente en situaciones de conflicto:
el chimpancé recurre entonces a la violencia y el bonobo en cambio a la relación sexual
(pacificadora y desestresante, incluso con miembros de su mismo sexo).








Algunas investigaciones científicas
apuntan a que la diferencia de comportamiento social
entre el chimpancé común (Pan troglodytes) y el chimpancé pigmeo o bonobo (Pan paniscus),
—que se diversificaron solamente hace un millón de años en la escala evolutiva
y entre los que únicamente media una diferencia genética del 0.4%—,
estriba en las diferencias socioambientales en las que evolucionaron,
priorizando la expresión de un fenotipo de competitividad en lugar de un fenotipo de cooperación:
un entorno de escasez incitador de la competencia por los recursos en el caso del chimpancé
y un entorno de abundancia incitador de la cooperación y la solidaridad en el caso del bonobó,
¿pero, a la luz de estas conclusiones,
no está abocada siempre la humanidad a reproducir el comportamiento fenotípico del chimpancé
bajo el contexto ideológico del capitalismo neoliberal y su paradigma de competencia
creador de desigualdad social y escasez de recursos,
en lugar de cualquier contexto ideológico bajo un paradigma de cooperación y mutualismo
creador de mayor equilibrio social y suficiencia de recursos?





¿Esta lección nos revela que una de las claves de la viabilidad de la propia especie humana
se remite en último lugar a que su evolución comportamental como especie
se acerque al bonobo y se distancie del chimpancé?





¿En el éxodo inmigratorio de refugiados hacia Europa,
estamos observando el afloramiento en toda su crudeza
no solamente del espíritu intolerante, xenófobo e hipernacionalista
del ciudadano europeo,
sino también la oportunidad de visualizar
uno de los caracteres identitarios generales del Hombre como primate social:
su carácter territorial y violento con el “otro”,
con todo aquel ajeno a la “comunidad de base común”
equiparándonos así al carácter agresivo del chimpancé,
en lugar de al carácter pacífico y tolerante con el “extranjero” del bonobó?




¿Recordando la secuencia agresiva de la periodista húngara Petra Laszlo,
pateando a inmigrantes en la frontera húngara,
podríamos reducir esas imágenes de forma icónica
a un perfecto arquetipo de ese carácter intolerante y violento con el “otro”
que nos emparenta comportamentalmente con el chimpancé?




¿Además, ante este “caso Petra Laszlo”,
 ante cada una de las reflexiones y matizaciones individuales de cada ciudadano europeo
acerca de la acción violenta de la periodista húngara Petra Laszlo:
bien en sus rotundas condenas
o bien en la aparición absolutoria de algún “pero” o algún “sin embargo” exculpatorio,
podría ser descubierto y analizado el grado exacto
entre esa violenta tendencia chimpancesca o esa pacífica tendencia bonobil?



¿Podría ser estructurado y bautizado este test como el “test Petra Laszlo”?



¿Que el canal N1, vinculado al partido Jobbik de extrema derecha,
haya expulsado a la periodista Petra Laszlo por su acción violenta y racista,
—la misma televisión que ha estado alentando un discurso xenófobo y racista—,
no supone por otro lado un contrasentido absurdo y ridículo
y un perfecto ejemplo de esa “doble moral” en asuntos de inmigración
que avanza de nuevo en Europa como un cáncer social?





¿Por otra parte, más allá del multitudinario “nacionalismo de bandera”,
ese “nacionalismo de campanario” que opera a pequeña escala
podría encontrar alguna explicación científica en la reacción atávica ante todo “extranjero
que invade esa comunidad de 20 a 150 individuos tal como sucede en el caso del chimpancé:
la reacción violenta ante cualquier intromisión “extraña
en nuestro pequeño “círculo de confianza y costumbres”?





¿En cierto modo,
podría emparentarse también en una lectura sociopolítica humana,
el carácter social del chimpancé a las características del pensamiento neocon,
y las características sociales del bonobo
a las características de un pensamiento hippie y libertario:
la tentación del séptimo de caballería frente al “haz el amor y no la guerra”?





Siguiendo en el terreno libertario,
¿la noticia reciente de 200 anarquistas británicos
ayudando a entrar a un grupo de refugiados en Reino Unido rompiendo la frontera,
nos recuerda que una de las virtudes del anarquismo es precisamente la destrucción y superación
de la imposición de esa naturaleza humana violenta con el “extraño”,
promoviendo como nueva realidad sociopolítica
esos valores revolucionarios y subversivos “antinacionales” del anarquismo:
la destrucción de toda patria
y el combate de todo nacionalismo reductor y excluyente
de lo que es transversal a todo ser humano,
su naturaleza humana común?





¿Este éxodo inmigratorio sobre Europa
aparece también como la oportunidad de señalar algunos de esos obstáculos clave
para el triunfo de una sociedad anarcoindividualista universal:
las fronteras y la atávica demonización del “otro”?





¿El anarquismo
se presenta asimismo como la única doctrina
capaz de luchar contra la noción de “extranjero” al destruir todo “Estado”,
puesto que el Estado y toda su maquinaria de producción conceptual
es el principal abastecedor ideológico de la noción de “extranjero
al exaltar administrativamente lo “propio” y delimitar lo “ajeno”?






¿En un contexto general,
 esta catástrofe humanitaria de los refugiados
nos está permitiendo visualizar, sobre todo, la verdadera realidad política de Europa:
un conjunto de tribus violentas y xenófobas,
que en su psique social de conjunto
no ha evolucionado demasiado desde el Paleolítico?






¿Habremos de dar una vez más la razón a Morin,
tal como leemos a Alfredo Gutiérrez Gómez y Raúl Domingo Motta
en su libro Educación, mundialización y democracia: un círculo crítico cuando nos recuerdan:
“según Morin estamos en la edad de hierro planetaria, una edad que madura titubeando,
en donde la crisis de la humanidad es, en esencia, la incapacidad de llegar a constituirse Humanidad;
es también la crisis del mundo, incapaz de asumir sus mundos,
y es por último, la crisis del hombre incapaz de asumir “los hombres”?






Biel Rothaar
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