jeudi 3 septembre 2015

Dudas y Cuestiones (71)








Se publica la cuarta entrega de la serie Millennium,
«Lo que no te mata te hace más fuerte»,
escrita por el sueco David Lagercrantz,
elegido por los herederos del fallecido Stieg Larsson,
como continuador de la trilogía salanderiana.






¿A alguien le queda todavía alguna duda de por qué Stieg Larsson
no se hablaba con su padre y su hermano desde hacía más de una década?



¿Debe ser considerada la publicación de esta “secuela literaria”
como un ejemplar hito de triunfo más del largo proceso de hollywoodización de la literatura,
ese largo proceso de conversión de la obra literaria en un mero objeto de consumo
obedeciendo la lógica mercantil capitalista de comercialización de bienes
en un contexto dinámico de oferta y demanda?




¿En un reparto porcentual de culpabilidades
sobre el triunfo de este proceso de hollywoodización de la literatura,
de intromisión totalitaria de la lógica mercantilista en el proceso de producción de la obra literaria,
debieran ser señalados con prioridad los “productores de la oferta”
(como en el pasado fueron señalados en la transición del viejo al nuevo Hollywood
aquellos productores ejecutivos salidos de ilustres de facultades de economía
que sustituyeron con criterios de rentabilidad económica
obra de arte cinematográfica” por “obra de consumo cinematográfica”),
o, debiéramos señalar por contra en un grado mayor a los “productores de la demanda”,
a esos demandantes que conforman el grueso de esa clase media occidental esnob, antiesteta, antiintelectual y devota de lo recreativo sobre lo ilustrativo
que convierte en axioma social aquella sentencia de Benda
que apreciaba en el sueño, la fantasía, la vaguedad, la fe y la afirmación gratuita
 todos los vicios y debilidades del hombre banal e irracional?




¿Por otro lado, esta segunda vida literaria artificial de la obra de Larsson,
nos da también la oportunidad para pensar en una corriente de fondo mayor
 si estamos ante un signo identificativo y constituyente de nuestro tiempo,
si acaso como vértices y testigos de una majestuosa tradición cultural a nuestras espaldas
todo lo máximo a lo que puede aspirar el autor contemporáneo es justamente como David Lagercrantz
aspirar a la soberanía de un acento personal en una voz prestada?




© 2015 Biel Rothaar