vendredi 28 août 2015

Dudas y Cuestiones (70)








Europa
 vive estos días atónita 
las sucesivas oleadas de inmigración 
sobre sus fronteras desde el Pas-de-Calais, los Balcanes y el Mediterráneo, 
provocadas por una intensificación de la presión migratoria desde el Tercer Mundo 
y las catastróficas consecuencias desencadenadas por el fracaso de las primaveras árabes,
 derivadas en escenarios de mayor inestabilidad política 
o víctimas del secuestro de la coyuntura revolucionaria por el extremismo islámico. 





¿Comenzamos a asistir a la oficialización de aquellos vaticinios finiseculares del siglo XX,
que anunciaban durante este siglo,
la inevitable invasión del primer mundo por parte de todos los desheredados del tercer mundo
por la política neocolonialista de saqueo de los recursos tercermundistas llevada a cabo en el siglo XX,
como actividad precursora de la “americanización” (mal llamada “globalización”)
y como continuación histórica  —con visos de legalidad— de la politíca de dominio colonial decimonónica?



¿No resulta de justicia que aquellos durante siglos expoliados
en sus recursos naturales de enriquecimiento
reclamen al primer mundo ese expolio a través del beneficio de nuestros sistemas de bienestar social [digressĭo: 
pronto simplemente sistemas de caridad social 
siguiendo el nuevo modelo europeo de capitalismo neoliberal darwiniano de inspiración americana,
más conocido coloquialmente como “sálvese quien pueda” o, 
de “cómo fundar una motricidad socioeconómica sobre el aislamiento 
y la individuación extrema de individuos en un paradigma amoral de competitividad social”]?



¿La realidad sociopolítica europea extramuros del siglo XXI
va camino de parecerse a aquella secuencia de The Walking Dead
en la que el sheriff Rick desde dentro de la prisión contempla a una multitud de muertos vivientes
agolpada sobre las rejas húngaras o melillenses gimiendo lastimosamente como si deseasen volver a la Vida, o, implorando, al menos, una Muerte digna?



¿O, acaso la realidad venidera nos deparará incluso un horror todavía mayor
cumpliendo aquella máxima de Bogdanovich que hacía notar que la realidad siempre supera a la ficción?



¿En cierto sentido, este éxodo inmigratorio no representa igualmente
la más alta prueba de afirmación de la incontenible potencia del sujeto anarquizado,
el mejor ejemplo de la potencia creativa o reacondicionadora del caos,
de la potencia vital interna del individuo totalmente desatada y desregulada de todo influjo externo,
desbordando cualquier constructo nacionalista o estructura de contención y organización estatal?



¿Los inmigrantes subsaharianos, asiáticos, magrebíes y sirios como testimonios vitales contemporáneos
de la amplitud de la potencia creativa e insurreccional de ese anarquismo
que en su máxima expresión no reconoce fronteras ni reductoras nacionalidades,
solamente la “naturaleza común” del ser humano y esa "collectio proprietatum"
como es precisada en la Epistola de incarnatione Verbi de San Anselmo
que distingue al “hombre común alienado” del “hombre singular” como exponencial valor de cambio único:
la multidireccional potencia anarcoindividualista?



¿Las sucesivas fases de este Éxodo tercermundista sobre el territorio europeo
 (una vez superadas las tensiones y resistencias iniciales de territorialidad 
del primate violentamente intolerante al extraño a la comunidad
 que es el Hombre al igual que el chimpancé),
se presentará como la pertinente solución para el envejecimiento demográfico de la población europea?



¿Qué discursos se ofrecerán a la muchedumbre nacionalista europea
para aceptar esa nueva presencia del “otro”,
ese forzoso “proceso de americanización” en un sentido interracial e intercultural
que ha sido hasta ahora la gran asignatura pendiente del continente europeo:
quizá,
la viabilidad económica de los sistemas de pensiones
en una población europea mayoritariamente envejecida gracias al nuevo trabajo de esos neoesclavos,
como natural tradición grecorromana de liberación
gracias a la productividad y funcionalidad social de los esclavos
como en el pasado clásico sirvieron nubios, eslavos o mauros a la economía romana,
sacando así rédito ideológico aún de aquella sentencia nietzscheana
que asociaba la presencia de la esclavitud como signo inconfundible de una civilización desarrollada,
o, tal vez,
estos discursos de aceptación y reconocimiento del “otro”
emprenderán la vía más sofisticada de instalación del discurso cosmopolita
como el nuevo credo y esnobismo social del vulgo europeo?



¿Tendremos también la oportunidad
de detectar en este tira y afloja de recepción de la masa inmigratoria
la clásica doble moral sobre temas de inmigración en las filas conservadoras ideológicas europeas,
primero haciendo guiños a sus violentas huestes tribales reactivas a todo extranjero,
y después sirviéndose cínicamente de la coyuntura inmigratoria
 para seguir engrosando ese marginal lumpenproletariado
como utilitaria fuerza de choque en las relaciones de producción capitalista,
como voluminoso reservorio de mano de obra barata
que ejerza como desmovilizadora presión sobre el proletariado y la lógica revolucionaria sindical?



¿Cómo va a conjugar la emperatriz Ángela
los reclamos del violento rugido de la “bestia rubia” alemana que sentimos con espanto estos días
 —eterno remanente de la “Alemania Oscura
que se funde en la primitiva noche de las estepas indoeuropeas—,
con los principios del humanismo cristiano de la democraciacristiana centroeuropea?



¿Y como trasfondo de todo ello,
no hay algo más que quizá se nos escapa a la reflexión,
y hay acaso algo de certidumbre en las palabras de Houellebecq,
a propósito de su última novela Sumisión,
cuando señala que de forma inconsciente “Occidente se está suicidando”,
incubando un huevo de serpiente en su seno por el ejercicio radical de tolerancia religiosa en Europa
(en esa siempre controvertida e incompatible connivencia histórica en stricto sensu con el laicismo secular), simplemente porque siempre ha interesado al poder político mantener latente
el entramado místico-moral judeocristiano en términos de organización social
y como aparato de represión moral del hombre común europeo?



¿No hay en cualquier caso en todas estas imágenes del presente éxodo inmigratorio sobre Europa
una vibrante evocación de aquella frase de Teresa Ricou,
como si fuera la última fiesta de un tiempo ya pasado o la primera de otros tiempos futuros”?




© 2015 Biel Rothaar