jeudi 2 juillet 2015

Roma aeterna





En los tiempos más duros,
 afortunadamente,
 siempre nos restará el auxilio de las cosas eternas, 
siempre nos restarán los exilios a esas patrias abstractas intelectuales 
que no obedecen ya a las reglas del tiempo.


Ese tipo de patrias atemporales como la cultura grecorromana 
(no como patria política), 
sino como una abstracta patria cultural, 
en oposición a nada, 
solamente como un universo sin principio ni fin.


Esa patria cultural grecorromana,
etérea y eterna,
por desgracia mucho más amenazada desde la aprobación del Plan Bolonia,
que destierra a las Humanidades de las universidades europeas, 
ingrato y deprimente resultado de esta Europa 
preocupada ya más por la “eficiencia económica” 
que por la “eficiencia humanista” 
de la sociedad europea futura.



Las Humanidades relegadas al lugar de las cosas accesorias, 
al lugar donde se refugian los filósofos ociosos y los enfermos del alma, 
al lugar de las cosas improductivas,
(¿pero realmente no existe acaso una productividad especial a considerar 
en el caso del joven hombre humanista,
 como valor agregado a su futura actividad profesional, 
o tal vez no interesa esa productividad especial humanista 
que podría generar ese joven hombre humanista 
y las consecuencias de transformación social 
que podría acarrear 
para esa hipotética sociedad de ciudadanos humanistas?).


Lejana ya la vieja intención de imitar el espíritu de las escuelas griegas clásicas 
que trataba de guiar al hombre hacia un estado de sabiduría humanista, 
hacia un estado de intelectualidad independiente, 
hacia un tipo de sociedad donde cada hombre no observe al otro 
como una presa o un adversario, 
un tipo de sociedad donde cada hombre observe a cada hombre 
con esa misericordia especial del que ha visto en lo más profundo del Hombre, 
con esa misericordia especial del que ha sido herido y acariciado por una bestia salvaje.




A este respecto, 
alguna vez en alguna larga partida de ajedrez intelectual
jugando primero con blancas y luego con negras,
aceptando honestamente ser derrotado por cualquier bando, 
he tratado jugando con negras contra este asunto de encontrar cualquier contragambito esperanzador.

Una vez me pareció encontrar uno, 
pero me pareció tan sumamente desolador que decidí olvidarlo casi de inmediato, 
aunque desde entonces en ocasiones regresa porfiadamente, 
como si me estuviese intentando revelar un secreto destino:


«Como en el pasado, 
la cultura grecorromana necesitará caer en el olvido 
para que al cabo de unos cuantos siglos esta vuelva a resurgir perturbadora y nueva 
como en el Rinascimento».



«La cultura grecorromana es el más estético y revelador trasunto universal del Hombre y el Mundo.

La cultura grecorromana es ese sereno jardín epicúreo 
en el que han sido desgranadas en pausada y placentera conversación 
todas las verdades y falsedades del Hombre.

La cultura grecorromana es el lugar donde se encuentran formuladas 
todas las preguntas y casi todas las respuestas».



A veces el Hombre necesita olvidar antes de volver a recordar.



© 2015 Biel Rothaar