vendredi 3 juillet 2015

Los ritos de Libertad e Igualdad






He nacido en un tiempo en que la mayoría de los jóvenes habían perdido la creencia en Dios, por la misma razón que sus mayores la habían tenido: sin saber por qué. Y entonces, porque el espíritu humano tiende naturalmente a criticar porque siente, y no porque piensa, la mayoría de los jóvenes ha escogido a la Humanidad como sucedáneo de Dios. Pertenezco, sin embargo, a esa especie de hombres que están siempre al margen de aquello a lo que pertenecen, no ven sólo la multitud de la que son parte, sino también los grandes espacios que hay al lado. Por eso no he abandonado a Dios tan ampliamente como ellos ni he aceptado nunca a la Humanidad. He considerado que Dios, siendo improbable, podría ser; pudiendo, pues, ser adorado; pero que la Humanidad, siendo una mera idea biológica, y no significando más que la especie animal humana, no era más digna de adoración que cualquier otra especie animal. Este culto de la Humanidad, con sus ritos de Libertad e Igualdad, me ha parecido siempre una resurrección de los cultos antiguos, en que los animales eran como dioses, o los dioses tenían cabezas de animales.

Fernando Pessoa (El Libro del desasosiego)




Ojalá pudiera estar en completo acuerdo con esa posibilidad de poder adorar o conversar con un Dios, ¿pero cómo obviar que detrás del reflejo de cada Dios se encuentra la mano de alfarero del Hombre: todo diálogo con Dios adquiere finalmente en su intensidad más perfecta la forma de un soliloquio esquizoide?


Ojalá pudiera estar en cambio en total desacuerdo con esa afirmación que compara los ritos de Libertad e Igualdad con resurrecciones de cultos antiguos, ¿pero cómo poder obviar que en el culto de la Libertad hay algo evidentemente impostado, una ficción inalcanzable, una perfecta simulación organizada?


Ojalá pudiera en verdad estar en total desacuerdo, ¿pero cómo poder obviar que en el falso culto de la Igualdad más allá de ese pretendido contexto jurídico de equidad entre individuos, más allá de esa extensión legislativa de derechos civiles que ambiciona conquistar la definitiva cota de normalización de la histórica desigualdad jurídico-social entre individuos, se obvia la existencia de otra vasta extensión de desigualdades personales que son absolutamente innatas e incorregibles?


¿Cómo obviar esa vasta extensión de potencialidades y debilidades individuales de signo no social sino predeterminado que llevan a cada hombre a un escenario de desigualdad natural que le guiará siempre más bien como norma a ser víctima de sí mismo antes que a ser víctima de la Sociedad?

¿Cómo obviar ese permanente desequilibrio social entre potencialidades y debilidades personales de signo no jurídico-social sino connaturales que conducen de forma decisiva a cada hombre en último caso a calvarios singulares, a victorias y a derrotas existenciales dispares?

¿El hombre de modo preponderante como víctima o triunfador de sí mismo, antes que como vencedor o víctima de la Sociedad?

¿La condena más irreparable de desigualdad la provee la naturaleza, antes que la Sociedad, la principal y decisiva guerra la libramos siempre contra nosotros mismos antes que con la Sociedad?





Biel Rothaar

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