jeudi 2 juillet 2015

Karnaval (Capítulo 4/24)









Karnaval





Biel Rothaar

Karnaval







Primera edición: julio 2015
Copyright © 2015, Biel Rothaar
Cubierta: © Biel Rothaar


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a Rose
en cuyo interior conviven todas las mujeres que amo






La historia de los hombres no será nunca
la historia de los ángeles

Auguste Romieu
(L'Ère des Césars)








EL GRAN CARNAVAL
Anexo IV


Pero cómo seguir ahora querida después de aquellas dos hondas charcas negras en esta noche igual de negra, cómo continuar querida más allá de aquellos claros mediodías de salón de cortinas y desnudeces blancas, cómo volver a invocarte sin correr el riesgo de falsear tus aureolas errantes, de traicionar tu fresco hálito de cigarrillos mentolados y tus cantinelas agónicas, porque sabes muy bien que hay un manual querida, un manual Bajtín para modelar con acentos académicos los ritmos narrativos y los volúmenes tolerables de los personajes, aunque ninguno de los dos comulguemos con esos manuales, prefiramos siempre las obesidades naturales de Rubens a las delgadeces escuálidas de Valentino, pero de alguna manera habrá que hacerlo querida, de algún modo habrá que resolverlo, de alguna manera habrá que hacerlo acaso durante alguna oportunidad de alguna noche como esta devorado por esta lámpara barata de mercadillo con pulgas, por este falso sol dorado de medianoche, en algún momento entre su falsa luz eterna habrá que anidar nuestra resistencia a recordarnos y encontrar la forma de proseguir, y empezar a tender los puentes para hacer los intercambios, para lograr vincularte con alguno de esos personajes cinematográficos donde lograr disolverte por fin en un justo olvido poético, pero primero entiende querida que hay que ir acometiendo los primeros nudos hasta que consigas engullirlo todo saturnalmente y sólo permanezca en pie tu imagen, solamente permanezca en pie tu cadáver petrificado de palabras, pero hasta entonces entiéndelo querida de alguna manera tendremos o tendré que ir adosando ambas realidades hasta fundirlas en una nueva realidad novelesca (ambas falsas realidades he pensado durante un instante, te das cuenta), pero no es verdad, lo sé bien, porque nuestra realidad sí que existió en algún cuarto de algún parís lejano de este parís sin mar, y la única realidad inventada es esa realidad ficticia, y no esta realidad insoslayable y cotidiana sobre la que todavía no poder evitar discutir algunas veces tan arrebatado como entonces en aquellas largas conversaciones nocturnas sin fin en aquel amplio apartamento que ocupábamos en el barrio de Jordaan, todas aquellas misas inútiles en realidad para el bautizo social de las voces y la preparación de las glorias personales y los sibilinos ajustes de cuentas entre las realidades propias y los discursos reinantes o de actualidad, ese tipo de festividades sin partitura en las que tantas veces haber tenido la enajenada sensación en cierto punto de alguna caótica conversación que todos estamos equivocados, y pensar que habría que reestructurarlo todo desde el principio con otras escapatorias, con otros tonos de certeza, con otros ritmos vitales, con la instauración de nuevos verdugos y nuevas guillotinas, con nuevos edificios institucionales sobre las brillantes ruinas del pasado, con otras falsedades temporales mucho más plausibles guiándonos hacia una renovada utopía del absoluto, con la invocación de nuevos Hércules iconoclastas que se paseen sangrientos sin ningún remordimiento por los extensos olimpos modernos descabezando las cabezas superfluas e innecesarias, librándonos para siempre de sus sombras ligeras y erradas, depurando todas las erratas de su Razón, invocando una belleza que nos seduzca sin aguardar a que un crítico de The New York Times o Le Monde dote de contenido absolutorio a sus estructuras vacías y aleatorias, a las vanas tentativas de todos esos enloquecidos garimpeiros corriendo detrás de las nuevas vetas de oro engendradoras de los nuevos refrescantes esnobismos culturales y sus correspondientes glorias efímeras y biodegradables, una belleza que nos venza directamente de un largo manotazo de sabia armonía y no gracias a falsas inercias de aplausos, todo eso tan irritante de pensar y tal vez más de escuchar y que deriva continuamente en la angustiada búsqueda de una esquina, de una luminosa esquina sin demasiado ruido sobre un passage donde no molestarse viendo pasar mucha gente, un subterfugio donde seguir buscando, donde seguir dudando sin descanso de todas esas nuevas beldades estimulantes hasta que siempre de modo inevitable querida una noche nos detiene exhaustos el temor a no saber cómo seguir ahora después de aquellas dos hondas charcas negras en esta noche igual de negra, esta misma noche en la que te he estado esperando falsamente otra vez en una de las terrazas de la plaza de la Contrescarpe, esta noche ilusoria en la que he estado vagabundeando por alguna de las terrazas del barrio latino de camino a otro cuarto vacío totalmente ajeno a aquel de nuestra memoria comprobando de nuevo con una mueca estoica que no estabas, porque es imposible claro que estuvieses, preguntándome ya sin rubor mientras miraba sin detenerme todos los campanarios dormidos cómo conseguir continuar después de aquellas dos hondas charcas negras, cómo continuar querida más allá de aquellos mediodías de salón de cortinas y desnudeces blancas, cómo volver a invocarte sin correr el riesgo de falsear tus aureolas errantes, de traicionar tu fresco hálito de cigarrillos mentolados y tus cantinelas agónicas, porque sabes muy bien que hay un manual querida, un manual Bajtín para modelar con acentos académicos los ritmos narrativos y los volúmenes de los personajes, aunque ninguno de los dos comulguemos con esos manuales, prefiramos siempre las gorduras naturales de Rubens a las delgadeces escuálidas de Valentino, pero de alguna manera habrá que hacerlo querida, no, no te rías, de alguna manera hay que hacerlo sí, y a lo mejor hay que repetirse para que todo quede bien claro, porque de algún modo habrá que hacerlo te guste o no, y durante algún momento de esta noche devorado bajo este falso sol dorado de medianoche habrá que seguir más allá de esas dos charcas negras, aunque esta noche quizás no haya salida, porque esta noche querida nos estrellaremos tal vez una y otra vez, no importa que nos cojamos de la mano y saltemos juntos, esta noche nos tocará otra vez dormir sin saber lo que vendrá, nos tocará soñar que todo es imposible, sin saber encontrar acaso una salida honrosa para la melodía de tu olvido, porque a lo mejor incluso ya te he olvidado un poco querida, y es imposible seguir más allá de esas dos charcas negras, o a lo mejor mañana recuerdo sin esfuerzo una vez más cómo se volaba de nuevo hacia ti y hacia todo aquello que había más allá de aquellos claros mediodías de salón de cortinas y desnudeces blancas en aquel cuarto de aquel falso parís con mar que ya no existe quizá salvo en nuestras memorias.









EL GRAN CARNAVAL
11-13



11 INT. RESIDENCIA DE JEFF – BAÑO – ATARDECER

El rostro de CLAIRE se refleja en el espejo del lujoso baño
en mármol de la residencia veneciana de JEFF.

Sus ojos muestran esa mezcla de tristeza y agotamiento de los
que están a punto de sucumbir tras un largo periodo de secreta
desesperación.

Abre UN PASTILLERO sin sacarlo de su bolso y toma dos
pastillas que ingiere de inmediato con un vaso de agua.
Vuelve a mirarse al espejo, donde ensaya una sonrisa de
cortesía. El resultado se convierte en una mueca patética, que a
su vez consigue arrancarle una verdadera sonrisa.


CORTA A:

12 INT. RESIDENCIA DE JEFF – SALÓN DORMITORIO – ATARDECER

Salón-dormitorio en penumbra a semejanza de un amplio loft
neoyorquino.

A través de los grandes ventanales que dan a un pequeño
canal provienen VOCES DE TURISTAS que pasan
transportados en góndolas.

Apoyado contra una pared y sentado en el suelo con un vaso
de whisky en la mano, JEFF observa cómo CLAIRE sale del
baño y se acuesta sobre la cama, tendiéndose despacio enfrente
de KAREN quien intenta ya descansar con los ojos cerrados.

JEFF termina de un trago brusco su vaso de whisky con un
gesto de satisfacción, deleitado por esa imagen enfrente de sí, las
dos amigas norteamericanas tendidas sobre su cama.

JEFF estudia con gran atención e interés la manera en la que
CLAIRE toma la mano de KAREN durante unos segundos,
antes de retirarla de nuevo mientras la mira con ternura.


ENCADENA A:

13 INT. FLASHBACK – BARRIO DE CANNAREGIO – CASA VENECIANA – DORMITORIO – MAÑANA

Dormitorio humilde de una casa veneciana en el barrio de
Cannaregio, con una pequeña ventana que da a la vida de los
canales que a esa hora temprana de la mañana dejan sentir
SUS RUMORES HABITUALES.

La JOVEN KAREN (23) se despierta al notar que
LA MANO DE PIETRO (28), su joven amante veneciano, se separa
de la suya.

Una JOVEN KAREN veinteañera, plena de vitalidad y
risueña, admira feliz a su joven amante gondolero
APROXIMÁNDOSE DESNUDO a la ventana.

PIETRO abre de par en par la ventana y se despereza
contemplando el exterior (en la confluencia del rio di Noale y el rio
della Misericordia).

Unos instantes después se vuelve hacia
KAREN mostrando a contraluz su bello cuerpo atlético, en el
que resalta un enorme y grueso pene en reposo.



KAREN
(en voz baja,
casi susurrando)
Pi...e...tro.


PAUSA

KAREN (cont'd)
(en inglés,
y sonriendo)
¿Algún Dios se llama así?


PIETRO
(sonriendo,
en italiano)
¡Qué voy a hacer contigo!
¡No comprendo una palabra de lo que dices!
¡Dime!
¡Qué voy a hacer contigo!


PIETRO avanza de nuevo hacia la cama, y sin decir nada, con
gesto rudo arranca las sábanas que cubrían el cuerpo de
KAREN, dejándola totalmente desnuda.


PIETRO
(en italiano,
elevando el tono de voz)
¡Qué voy a hacer contigo!
¡Dime!
¡Qué voy a hacer contigo!


KAREN le mira en silencio, sonrojada e intimidada, mientras
PIETRO arroja las sábanas al suelo y se aproxima a ella con
semblante duro.


PIETRO
(susurrando en italiano,
a muy poca distancia de su rostro)
Dime...
¿Qué voy a hacer contigo
Miss Karen Horsey?



KAREN acerca su boca y le besa de forma suave.
PIETRO continúa besándola de modo furioso, mientras por la ventana
llegan ALGUNOS GRITOS DE UNA MADRE discutiendo
con SUS HIJOS, y el primer ALBOROTO DE LOS TURISTAS
transitando por el rio di Noale.







Biel Rothaar
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Este texto es el decimocuarto capítulo de una serie de avances promocionales de la ópera prima 
Karnaval (2015).