vendredi 3 juillet 2015

A cup of tea





a Mrs. Payne, por lo dicho y por lo no dicho



Mrs. Payne era una mujer de otro tiempo,
que había pulido su romanticismo
y su elegante melancolía,
en personajes brontianos y tempranas lecturas de Byron.

En su voluntad amainada por viejos ordenes,
siempre batallaron palabras de cautela
y una felicidad aplazada de heroína social.


Mrs. Payne era la necesaria anfitriona de un oasis de quietud
en un suburbio cualquiera de Oxford,
donde al tiempo parecía costarle avanzar,
y las flores parecían saber esquivar
la vulgaridad de la caída.

Su voz algodonosa era el suave preludio de la noche,
tintineando por el pasillo invitaciones a teteras antiguas,
y a largas conversaciones de salón,
que nunca eran lo bastante largas.


En veranos grises británicos
siempre hay esperando pretextos de salones y teteras,
para consumar como un deber, ceremonias antiguas
como si el pasado pudiera disiparse si no se recuerda.


En ese salón de lentos ceremoniales de Mrs. Payne,
una de esas tardes cualquiera de verano
se desplomaron las Torres Gemelas,
sobre el fondo de una taza de porcelana azul,
ahogando un viejo mundo
de sosiegos fingidos,
y fundando un nuevo mundo
de urgencias y nostalgias de viejos sosiegos.



© 2015 Biel Rothaar